Anonimato y actividades ilícitas en la red | Telecarrier

Anonimato y actividades ilícitas en la red

Anonimato y actividades ilícitas en la red

En el fértil terreno del Internet es sabido que existen elementos maliciosos que siempre intentan aprovechar al máximo las potencialidades de las tecnologías que tienen a mano para llevar a cabo actividades ilícitas o, por lo menos, de intencionalidad cuestionables. En este artículo le presentaremos un bosquejo del funcionamiento de herramientas de anonimato y verá cómo es usada esta tecnología para llevar a cabo actividades ilícitas.

La posibilidad de navegar en la red de manera anónima se entenderá en este artículo como el uso de herramientas de hardware o software de redes para ocultar o, por lo menos, opacar la identidad del usuario que está detrás del navegador web. Un ambiente de anonimato provisto por navegadores especializados le permite a los usuarios navegar en la red sin dejar rastro.

Las motivaciones para que un usuario adopte un estilo anónimo de navegación en la red pueden ser variadas: desde el simple deseo de que sus datos personales no sean adquiridos por las empresas de manejo de grandes datos, hasta una intencionalidad criminal para llevar a cabo actos ilícitos; pasando también por motivos más grises o no regulados como acceder a cierto tipo de información clasificada.

Por lo general, la navegación anónima se utiliza para acceder a contenido de la red no indexado y para el cual se requiere un tipo de software particular. Esta fracción de la red no indexada, cifrada y oculta que almacena páginas con contenido ilegal o no clasificado, es comúnmente llamada Dark Web. Esto es una parte de la información que hay en Internet, almacenada en servidores ocultos o no indexados para los buscadores, por lo que desde Google o cualquier otro buscador conocido es imposible acceder a su contenido.

El tipo de contenido que se puede encontrar allí varía desde documentos clasificados por los gobiernos hasta un libre mercado donde se intercambia cualquier tipo de bienes y servicios, como hackeo de páginas, descifrado de archivos, venta de armas de guerra, tráfico de drogas, venta de pornografía infantil, lavado de dinero y otras actividades ilícitas en la mayoría de los países.

Es importante en este punto que no confunda este concepto con la Deep Web, el cual es muchas veces intercambiado o usado de manera indistinta con el que acabamos de mencionar. La Deep Web es también todo aquel contenido no indexado por los buscadores y que representa 90% del contenido que existe actualmente en toda la red. La Deep Web contiene a la Dark Web que se describe más arriba, pero también incluye todo el contenido  que simplemente no es accesible desde el navegador, como por ejemplo aquel generado por una solicitud específica cuando llenamos una forma en línea, el contenido almacenado por servicios que poseen una capa de privacidad como Drive, Dropbox y otros.

Ahora, viendo cómo no solo se ha generado contenido malicioso y no indexado, sino que además se han diseñado las herramientas como navegadores para mantener el anonimato y acceder a este tipo de contenido de la Dark Web, es posible que además se planifiquen ataques cibernéticos que han impedido a las autoridades rastrear la dirección IP, o cualquier otro dato que identifique a las personas detrás de estos ataques.

Surge así la pregunta, ¿cómo estos navegadores proveen de anonimato a sus usuarios? La respuesta se encuentra en un tipo de ruteo aleatorio y cifrado por capas que envía los paquetes de información a través de routers que están anidados, de manera que se envían cada vez por una ruta diferente de una capa a otra y cuya aleatoriedad hace que sea imposible rastrear cada paquete hasta su origen.

Finalmente, cabe mencionar también que la generación de ingresos por los cibercriminales en este ecosistema digital anónimo, hace que surja la necesidad de monetizar dichos ingresos para hacer uso de ellos en el mundo real. En este punto han sido de particular ayuda para los criminales las criptomonedas como el Bitcoin. Un reporte de la Europol publicado en 2016, señala que el Bitcoin es la moneda más usada por los criminales cibernéticos, ya sea para recibir pagos de la extorsión a las víctimas o como medio de intercambio en los mercados de la Dark Web.